9.12.09

Quizas sea tan grande el miedo como la oportunidad.

Me he pasado la noche en vela rogándole a la Luna que me ayude a decidir. Hace unos segundos derramé las primeras lágrimas en mucho tiempo, solo las derramo por amor. El tiempo pasa demasiado lento, en unos minutos me eclipsará el primer rayo de Sol. Intento ahogar las dudas en la oscura y silenciosa noche, entre estas cuatro paredes. Nadie sabe nada. Nadie puede oirme gritar por dentro. Es una noche decisiva, tómalo o déjalo, no mires atrás, hagas lo que hagas, hazlo sin hacer ruido, no crees más dolor del que ya hay. Cuando salga el Sol nos volveremos a ver y recordaremos nuestras noches sin dormir. Leo mil veces tus últimos mensajes, esos que me enviaste porque no podías dormir. Dices que es difícil, que ya no es cuestión de esperar al destino y sus juegos raros. Es hora de decidirse. Para mí tampoco es fácil, podría decirte que me esperaras, que todo irá bien. Todo irá bien. Eso dicen.
Puede que me pueda el miedo. No me reconozco, nunca tuve miedo a nada ni a las consecuencias. Viví el momento y la ocasión. No entiendo por qué hoy no es igual. Quizás es tan grande el miedo como la oportunidad. Una de esas que no se repiten. Pero siempre que unas puertas se abren, otras se cierran. Es que te juro que intenté no complicar ni mi vida ni la tuya, quise dejarlo estar. Pero no pude, porque me arrastras, me llamas, como un dulce susurro en plena noche que te invita a soñar, a abandonar todo lo racional, es que miro y remiro tus fotos y caigo. Caigo otra vez.
Detrás de mi tengo un pasado oscuro. Delante, un futuro prometedor. Quizás este futuro me lo regale el destino, me promete estabilidad, una vida prácticamente hecha, tranquilidad. Frente a ello estás tú, tu energía, tu fuerza, tus ganas de vivir, de volar, de hacer frente a todo lo que venga. Sólo tu consigues sacarme de la soledad y me haces revivir. No sé exactamente lo que tienes. Tampoco sé por qué te cruzaste en mi camino, nada previsto, apareciste una tarde fría de invierno. Sin avisar. Y aquí sigues. No te vayas. No me dejes escapar, quiero verte, quiero abrazarte una y mil veces más hasta decir basta.


Ahora tengo que irme, mientras escribía esto, el amanecer venció a la nohce y empieza a entrar luz por la ventana. Mil canciones me ayudarán a tomar una decisión.